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lunes, 14 de junio de 2010

Tienes un mensaje

Fui a ver una banda de rocanrol. Una banda súper under. Había un artista invitado. Ceci me había hablado mucho de él. Yo ya lo había idealizado en mi cabeza. Sabía que él tenía 19 años, era re chiquito y tenía cara de nene. Así como Ceci sabe que me gustan. Por eso es que me habló de él y que me encargué de idealizarlo. Antes de que hubiera salido al escenario, yo ya no podía con el enamoramiento.

Y cuando salió, y cantó, y tocó la guitarra, fue más fuerte. Cuando terminó, como ya dije que son under, salieron todos. Él de los primeros. Lo miré, lo miré mucho. Logré que me mirara. Lo seguí mirando e intimidando. Lo comí con los ojos. Me miraba de manera tímida, sintiéndose inhibido. Pretendía acercarme a hablarle.

Con Ceci después íbamos a salir juntas pero fuimos a acompañar a dos pibas a la parada. Fui de mala gana. No quería que Fernando, así se llamaba mi rockero, se fuera. Como obviamente iba a pasarme, cuando volvimos, ya no estaba. El teatro estaba totalmente cerrado y sin una persona en la puerta.

Me puse de mal humor. El resto de la noche fue muy malo. Discutimos con Ceci bastante fuerte, nos dolió la garganta de tanto gritarnos dentro de un boliche pero después todo estuvo bien. Creo que eso puede llegar a terminar en otras cosas. Ya se verá, por lo menos no me guardé nada y estoy segura que ella tampoco.

Al otro día, me desperté en su casa y decidí mandarle un mensaje de facebook a Fernando. Yo ya lo tenía en facebook. Le puse: me encanta tu voz, y vos también. Eso fue el sábado. Estuve el día entero pendiente de su respuesta. Nada pasaba. No entendía qué me hacía tener a ese chico tan presente. El domingo estaba mirando Héroes, la serie, en la computadora. Cuando se me abre una ventana que me avisaba que Fernando Suapellido me había hablado en facebook. No me importó por qué parte de Héroes iba. Cerré y me puse nerviosa. No sabía qué hacer.

No tiene sentido que represente la conversación. Desde ese día hasta ayer charlamos sin sobresaltos sobre diversísimos temas y literalmente todos los días. Yo siempre tirándole palos y él atajándolos y cambiando de tema. Podríamos considerar que esto fue siempre malo, pero la situación cambia cuando explico que siempre fue él quien me habló, y mis instintos dicen que si ves que alguien está atrás tuyo y le seguís hablando, es porque aunque sea algo te gusta o te simpatiza o lo que sea.

Mientras tanto, no dejo de escuchar su rock. Me estoy volviendo una loca fanática. Eso me incentiva a que esté todo el tiempo pendiente de él, pensando. No hay cosa más hermosa que pensar en alguien escuchando música, y más todavía si está su voz! Soy muy enamoradiza, sí. Me engancho enseguida. Tal vez porque jamás pasó algo en serio.

El punto es que él vive en Zárate, yo en Capital Federal. Eso complica mucho la cuestión, aunque él ni insinuó el hecho de vernos. Resulta que el viernes me habló por msn y me dijo que estaba en capital. Le tiré indirectas, muy claras, para que él me insinuara de encontrarnos o me preguntara por dónde iba a salir yo. Nada hizo. Era evidente que no le interesaba.

Entonces me fastidié, lo saludé de manera antipática y me fui. Al día siguiente, al haberme dado cuenta que la situación así no me servía en lo más mínimo porque yo quería verlo, y al parecer él no, decidí que no hablemos. Pero a la noche me habló. Le dije que no lo quería molestar, y él me insistió en que no era molestia. Entonces no sé cómo traté de darle a entender que no tenía ganas yo. Que así no, como diría mi amiga la Chiqui.

Fer no entendió. Entonces le dije un tímido, o tal vez no tanto, quiero verte. A lo que me contestó exactamente: algún día ya nos vamos a ver. Listo, cartón lleno. Exactamente eso siempre contesté evitando salir con alguien. Ese día se terminó desviando el tema, terminamos hablando de cualquier otra cosa.

Ayer, domingo, también me habló. Varias veces en el día. Él. Mi instinto indica que, si me habla después de que yo le deje clarísimo que lo quiero ver, ALGO le importa, como expliqué antes. Sin embargo, estuvo bastante antipático durante toda la conversación, contestando monosílabos en varias ocasiones. Me pongo en su lugar. Cuando contesto jaja solamente es porque me chupa un huevo hablar con esa persona. ¿Pero entonces para qué me hablaba? ¿Y encima sabiendo que quiero verlo?

Me fastidié, me dije que basta. Primero, no puede ser tan grave, no lo conozco, es sólo un sueño, una intención, una idealización de que todo salga sumamente bien cuando no tiene por qué ser así. Segundo, de todas maneras a mí así no me servía y al parecer él, aunque tal vez de manera temporal, sí. Entonces le dije que chau y me decidí a no hablarle más.

Pero hoy, una vez más, no pude conmigo. Le pregunté por chat de facebook si estaba conectado en el msn. Se lo pregunté de una manera sumamente simpática. A lo que me respondió: sisi.

Listo, punto final, me digo a mí misma. Pero estoy dudando en hablarle. Pido disculpas que una historia de amor mía exista solamente así, pero realmente tengo ganas de estar con él, de verlo, de darle un beso, de que me rockee al oído. Si no se concreta no es por mi culpa. Esta vez pretendo dejar la histeria a un lado y no puedo. Y no quiero bajar los brazos, me niego.

Insisto que quiero hablarle. A Fer. Después les cuento. Aunque seguramente a nadie me importe... Pero algo tengo que hacer.

Entre nosotros, tengo un poco de miedo de que me diga de vernos. Decirme que sí. Pero estoy segura, estamos lejos de eso.

miércoles, 2 de junio de 2010

Sintetizando un mes entero

Bueno.. Sí, desaparecí. No me dieron ganas de escribir y ahora vengo a aburrirlos un poco.
Por un lado, con mi papá está todo bastante mejor. El 22 de mayo fue mi cumpleaños y salí con amigos (las salidas jamás fueron restringidas) y me dijo "podés tomar dos medios vasitos". Más allá del tomar, valoro el gesto, la confianza, el superar su orgullo que ahora ya entiendo de dónde lo heredé. Previamente a esto habíamos tenido una conversación que empezó muy tierna, porque yo me acerqué a decirle que lo sentía distante y él me dijo que no sabía bien cómo acercarse a mí porque con mis hermanas tenía la "excusa" del hockey, las lleva a entrenar, va a buscar, charla sobre eso; pero conmigo nada de eso (por momento sentí que era un poco reproche porque no hago nada de mi vida, pero todo fue tan tierno que no podía ser así). Sin embargo no sé cómo salió el tema del alcohol y terminamos discutiendo muchísimo. Aunque cerramos el tema sin acuerdo común y nos dimos un abrazo. Pero al final, como conté, el día que salí por mi cumple, todo salió bárbaro. Me dejó tomar y estaba todo bastante bien. Ayudó mucho el psicólogo creo yo. No por lo que hablé yo con él, si no por las veces que habló con mis papás.

Hacía mucho yo quería un arito en la oreja (la parte de arriba, el carílago), y mis viejos son super cerrados con eso. No existía posibilidad alguna de que me dejaran. No existía. Unos días después de mi cumpleaños número 16 (me atrevería a decir que el patriótico día, el día del bicentenario) papá me dijo: decidimos con mamá que te vamos a dejar hacer el arito. Son cerrados, les cuesta decir sí con esas cosas, pero cuando lo dicen me sorprenden. Y eso vale mil. Sin embargo, yo ya saltando por todos lados, dije: ¿cuándo me hago la argollita?. Papá me contestó: argollita no te dejamos. Puntito. Jamás voy a entenderlo.

Decidí hacerme el puntito y después cuando aflojara, cambiar. Al día siguiente en la cena pregunté: ¿Nunca me voy a poder poner la argollita? Me contestó que no. Con mucha seguridad. La cena siguió. Mamá le dijo: ¿Por qué la argollita no?. A lo que papá contestó mil veces "porque no". ¿Por una cuestión estética o porque se puede enganchar?, preguntó mamá. Papá siguió contestando lo mismo. Me fastidié. Me peleé. Le eché en cara otras cosas que no tenían nada que ver. Más allá del arito en sí, ¿qué necesidad de contestar porque no? Es lo opuesto que hay que hacer para lograr una buena convivencia, como habíamos acordado.

Entonces le escribí un mail. Es así, me resulta más fácil expresarme y además me "enfrío" y no lo lleno de violencia. Y sé que cuando lo lea él también va a estar más tranquilo. Le puse:
1. te juro que no te entiendo. parece que a propósito no querés una buena convivencia y me decís que NO a algo que realmente quiero, y encima contestás PORQUE NO. así buena convivencia es imposible. de verdad te digo. aunque ponga mi mejor intención
2. igual como ya dije en la mesa gracias por dejarme el puntito porque sé que para ustedes es un paso.. no es que no me lo hago por desagradecida, si no que no tiene sentido que me agujeree por algo que en realidad no quiero.

No contestó. Pero todo está bien, aunque del arito no se volvió a hablar.

Me gustaría que hubiera algo interesante que contar respecto a otro tema, nada lo considero relevante como aparecer acá. En cuanto a amigas, Las Superflúas ya no existen en mi mapa, comparto aula con dos de ellas pero la relación es nula. Me dedico a la real amitad con Ceci y Marina. Con Mari hoy tuve un cruce complicado, es una persona complicada para discutir y que siempre tiene la razón. Eso lo hace difícil, porque por ahí hablar temas jodidos en los que sé que diferimos se hace algo que prefiero evitar porque termina insultándome. De todas maneras la balanza da positivo. Eso es lo que cuenta.

Y en cuanto a chicos... sí, estoy más sola que nunca. Me lo merezco por histérica. Vamos a ver que me depara este fin de semana, y el que sigue, y el otro, y el otro...

domingo, 21 de marzo de 2010

Figuritas repetidas y figuritas imposibles

Todo está bastante bien, aunque aburrido. Me suena a que así va a seguir por un tiempo y me pone de mal humor. Ayer a la noche fui al teatro con Jazmín, Ceci y Cami. La obra estuvo buena, y después las acompañé a la parada que se iban todas a lo de Ceci. Me recriminaron que no fui, miles de veces, y temo que después me hayan criticado por eso. Aunque pienso un poco y me doy cuenta de que eso pasaba con las Superflúas, que las Pizzabirrayfaso son diferentes.

En ese rato desde que salimos del teatro y fuimos a su parada la pasé bárbaro. Me gusta mucho hablar con ellas, me gusta cómo son. A Ceci ya la conozco muchísimo, y a Cami y Jaz las estoy conociendo cada vez más internamente. Creo que me quieren y ya me van haciendo sentir parte de todo eso. Antes de ir para el teatro Ceci me dijo "dale, quedate a dormir en casa, que nunca estamos las cinco" (porque iba a ir Marina también). Me impresionó un poco. Hace un par de meses decir "las cinco" hubiera hecho referencia a las Superflúas.

Sin embargo, no fui a lo de Ce. Fui a una fiesta que al final no entré, después me fui con otras personas y terminé entrando sola a una fiesta acá a una cuadra de casa. Pasé caminando, me gritaron del balcón, yo estaba más deprimida que ateo en navidad, llegué hasta la puerta de casa, pensé que tenía ganas de ir, pero mamá y papá habían salido a llevar a Candela al aeropuerto. Entonces me di cuenta que no podía arriesgarme. Pero me dije: si están los tres autos, voy. Uno, dos... ¿Es ese? Sí. Listo. Pegué media vuelta y fui.

No fue nada en particular, tenían todos alrededor de veinticinco años y yo tengo quince, no me reten, seguramente no tengo que hacer ese tipo de cosas, pero nunca en la vida hubo una fiesta a una cuadra de casa, y no es que vivo en Palermo que eso se da todos los días. Estuve un rato y me fui. Mi noche había tomado otro tipo de color. Porque hasta ese momento era aburrida y todo había salido mal, y ni siquiera es de esas noches que viviste cosas graciosas aunque fastidiosas y negativas. Entonces ahora me quedó el recuerdo de algo turbio y gracioso. Soy una inconsciente, hola, sí, mucho gusto. Pero bueno.

Estoy muy aburrida y siento que mis días ahora se van a caracterizar por eso. Estuve estudiando, ya no aguanto más, estudié tres páginas de una guía de historia, y aunque lo tengo hiper entendido, no creo tenerlo memorizado. Seguiré estudiando mañana.

Por otro lado, hoy fuimos a un criadero de perros con papá, mamá y Ludmila. Teníamos una perra, la que tuve toda mi vida, y se murió en diciembre, así que desde ahí que estábamos pensando en tener otro. Ya señamos, falta que tenga los 45 días de vida y se viene para casa. Eso me tiene bastante bien. Es un cambio necesario, una renovación de vibra en casa. Aunque me va a estresar un poco el hecho de educarlo y eso, supongo que será una nueva fuente de cariño.

Esta entrada está llena de temas inconclusos pero quiero contar otra cosa más. Me di cuenta que estoy angustiadísima y que necesito amor. Así, muy a lo all you need is love, estoy segura que es así. Si prefiero salir antes que estar en una casa con amigas no es por nada más que porque estoy buscando un chico. Pero no un chape, no es eso lo que me importa, eso no me llena. Estoy buscando que me quieran y aprender a querer. Que me enseñen, que me cuiden, que me traten como merezco.

Dicen que esas cosas cuando menos las buscás es cuando aparecen. Pero no puedo evitar tratar de buscar situaciones raras. Por ejemplo, en esa fiesta, yo soñaba flechar amor. O caminando sola por la calle, o en el colectivo, o en los momentos menos esperados. Necesito poder poner una canción de amor y llorar un poco. A veces esa necesidad es tan intensa que me pongo a pensar en Ulises, ese gil que lo conozco hace tan poco y me miento cuando me digo que lo quiero y que va más allá que una histeria. Cuando lo elimino como posibilidad, me doy cuenta de que no puedo, porque no tengo en quién pensar, no tengo a quién extrañar. Estoy deprimida y angustiada. Nadie me entiende y tampoco pretendo que lo hagan.

Sean felices, amen, aprovechen cuando las emociones coinciden, muchos nos gustaría poder estar en su lugar. Ok, ahí vienen con la típica "relajate, tenés quince años". Bueno, tengo quince años pero necesito amor! ¿Hay alguna edad estipulada para necesitarlo? Igual es todo mi culpa. O de mi inconsciente que en el fondo quiere estar solo. Porque apenas ese que tanto me gusta me da bola, después de ese beso, esa emoción que me tiene loca tiende a desaparecer. Estoy esperando la excepción que confirme la regla.

miércoles, 17 de marzo de 2010

Cada pieza en su lugar

Y después de días de llanto extremo y una crisis insoportable, ya puedo sentir que estoy en mi lugar (quienes nunca leyeron no van a entender nada, así que les propongo leer ésto y ésto). Las clases empezaron, la rutina ya me está poniendo de mal humor, pero ese no es el punto. Todo se ordenó. De las Superflúas sólo quedan dos en mi curso, lo que hace que seamos cuatro Pizzabirrayfaso. Sí, me estoy incluyendo en ese grupo y no es por nada.

No tengo sus hábitos, pero de todas maneras me siento realmente cómoda con ellas. Con las Superflúas nunca nos juntamos a hablar, aunque teóricamente es algo pendiente. Salvo con Caro E., que sé que no tiene nada que ver, sólo se dejó arrastrar un poco, no me interesa para nada ni discutir ni reconciliarme. Las cosas están frías, podemos compartir una conversación, un chiste, etc., pero para los ojos de cualquiera es obvio que nada es igual. Inclusive ellas ya desistieron de decirnos que vayamos a buscar a Caro B., porque con Ceci nos negamos.

Ceci tiene muchas ganas de discutir, está muy segura de todo y quiere salir victoriosa y con razón. Aunque es muy influenciable y siempre a la hora de discutir termina cansándose, amigándose y dándo la razón, ella cree que las cosas, ésta vez, van a terminar saliendo como quiere. Que Aldi, la más soberbia del grupo, del aula, del colegio, y me animaría a decir de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, va a decirle que tiene razón. Lo que temo y pienso que puede pasar es que Ceci termine amigándose. Aunque dice que ni quiere, ni piensa desistir, ni quiere volver a esa superficialidad (en eso coincidimos con Ce, tenemos la misma visión sobre las Superflúas), pienso que el ser tan influenciable puede jugarle una mala pasada una vez más.

Si ella llega a juntarse con el resto de las Superflúas (Aldi, Caro B. y Caro E), por su puesto voy a ir. Es muy relajante ir a discutir sabiendo que ni te importa arreglarte. Significa que podés decir lo que quieras sin temor a la idea tuya con la que se queden. También podés decir: sí, fui una garca, nunca me importó tu amistad. Pero también está el orgullo, el bendito orgullo que siempre pretende que ganemos en toda situación.

No me importa perder, pienso ir y callarme la boca. Que hable Ceci y apoyarla y hacer que no desista, y hacer presencia. Sea como sea, me siento bien, tranquila, conforme. Las Pizzabirrayfaso son tan simples, pero además son divertidas, graciosas, y muy, muy buenas pibas. Encima, al yo separarme de las Superflúas (y da bronca que la razón sea esa, pero bueno), ya me consideran una más y mi relación con ellas es cada vez más estrecha.

Me invitaron ese sábado a ver una obra al teatro bastante interesante. Ese tipo de cosas nunca haríamos con las Superflúas, es demasiado profundo para ellas, y la verdad, me siento mucho mejor ahora. Por más que de a poco voy encajando, por más de que todavía no soy una más, pero me deja contenta saber que no estoy forzando mi forma de ser, ni estoy dejando de ser yo, ni me está costando ser parte. Después de crisis y después de un momento de calma, parece que la calma ya se instaló y se puso cómoda.

Supongo que no faltará mucho para otra crisis, la espero con los brazos abiertos y los dedos preparados para escribirla. Tenga o no que ver con el tema este, si pizza, birra y faso, o tacos, boliche y maquillaje.

domingo, 7 de marzo de 2010

Tormenta y calma

Después de ese planteo, tuve una pelea muy grande, pero por una boludés con Ceci y Mari. Vinieron ellas dos y otros amigos de la primaria a casa, me estuvieron pelotudeando como la mejor, les pedí que paren, siguieron, los eché. Estoy un poco loca, puede ser, pero no voy a dejar que me sigan jodiendo y encima dándoles un lugar para estar cómodamente sentados. ¿Pretenden que vaya y les ofrezca algo de tomar, también? Sigan jodiendo que me encanta, dale. En fin, después quedé peleada con todo el mundo. Apenas se fueron estuve llorando hasta que llegaron mis papás, que casualmente no estaban. Puse música deprimente, me tiré al piso, maldije todo lo que me estaba pasando y me declaré oficialmente sola y sin amigos. Llegaron papá y mamá, me descargué y les conté lo sucedido. Me dieron la razón, simplemente eso. Y les di lástima, obvio. Ver a tu hija llorando tirada en la cama, dándote cuenta de que su mejor amiga es la comunmente llamada notebook es tristísimo. Mamá me dio un beso muy lindo y se fue a dormir. Fin de la noche.

Al día siguiente decidí salir con Juli. Una amiga a quien no veo nunca, pero noté que necesitaba sentirme un poco acompañada. Además necesitaba gritar todo lo que me pasaba y Juli es de esas personas que escuchan. Fuimos a un conocido shopping de Capital, dimos vueltas, charlamos. Me encontré a alguien tan deseado como indeseado, todavía no puedo creer lo chico que es el mundo. No le busco una explicación lógica ni tampoco creo que sea una casualidad. No apareció ni mi tío ni un amigo de la primaria ni un amigo de Juli. Apareció él entre tantos otros que podrían haber aparecido. Le conté todo lo de las chicas, el evento de la noche pasada y además mi sensación de sentirme sola. Ceci me mandó un mensaje diciendome que hablemos, pero el día terminó sin más sucesos. Esa noche por msn discutimos mucho, ella se puso necia y aún así me tildó de cerrada a mí. Estabamos discutiendo con cierta agresividad verbal pero siempre con respeto, cuando decidí hacerle saber lo que pasaba de éste lado de la pantalla. Quise que sepa que no era como ella creía, que no estaba sentada frente al monitor maldiciéndola y riéndome de ella, que no estaba muy tranquila escuchando Beethoven y analizando que contestarle. Quería que sepa que los dedos escribían solos, que casi no me pedían permiso, que por más que las lágrimas salen para fuera, hacían que cada vez se me mezcle más todo y no sepa qué carajo decir ni hacer. Estaba muy, muy angustiada.

Le conté que más allá de la pelea de la noche anterior me sentía muy sola, por todo lo de Las Superflúas y ellas, Las Pizzabirrayfaso. Me dijo de encontrarnos a hablar al día siguiente. Acepté y quedamos un horario. Me tranquilicé, aunque no soy de esas personas que sabe hablar con la gente. Pero había que hacerlo. Ceci tenía eso, siempre estaba dispuesta a juntarse a arreglar las cosas. Finalmente fui a la fiesta que tenía con ella y con Mari. Obvio, no fuimos juntas. Nos encontramos ahí, yo fui con otros amigos. Con Mari no hablé mucho, básicamente me dijo "después quiero hablar con vos" y me dio un beso tierno en la mejilla. Con Ceci estuve más tiempo, nos llevamos bien como siempre, como si nada. Pero, al día siguiente, nos encontramos a charlar. Vino a mi casa a las cinco de la tarde. Quisimos ir a hablar al jardín, pero sin embargo había demasiados mosquitos y soy casi alérgica, así que decidimos ir a mi cuarto. Nos acostamos cada una en una cama y empezamos a hablar de la noche anterior. Nos reimos mucho, siempre pasa eso de después de una salida comentarla y cagarse de risa. Ahí me di cuenta que la quiero mucho, mucho, y que la prefiero ante otras. Es feo poner escalas pero, a veces, inevitable.

Después de media hora más o menos, cuando se agotaron las anécdotas de la noche anterior para comentar, me dijo: "Bueno, contame cómo es eso de que te sentís sola, que hablaste con tu papá". Y le conté. Le fui sincera. Le dije que con sabía a quien quería más pero también sabía con quien compartía actividades, y que a la vez sabía con quien me sentía más cómoda, con quienes podía dejarme ser. La verdad, no me solucionó demasiado. No pretendía que haga magia. Me dijo que con Las Superflúas ya íbamos a hablar, que mañana podíamos encontrarnos, y que había que estar preparadas para la guerra porque nos iban a bombardear a críticas. Me dijo también que para ella el grupo de "las 5" (Ceci, Caro B, Caro E, Aldu y yo) ya estaba terminado, a lo que yo continué que ahora me chupaban un huevo los grupos y que quería esforzarme por cuidar vínculos y nada más.

Creo que no me dijo nada más relevante. Hablamos de su personalidad, de que es muy amoldable, pero que eso no significa que no tenga personalidad, dice ella. Es verdad, cualquier cosa le viene bien. Salir a tomar mate, salir a bailar, salir a un recital, salir a cenar, salir a charlar en frente del río. Si necesitás que te acompañe, podés contar con ella.

Ahora me acuerdo otra cosa que me dijo. Además de recriminarme varios sucesos, me dijo que ella y Mari consideran que quiero tener siempre a todos atrás, al pedo, para no darles bola. Le dije que no. Porque no es así, al menos yo no lo siento así, pero de todas maneras voy a intentar ver cómo soy con ellas con el tema CHICOS porque como dije en la entrada anterior, yo ya venía percibiendo que algo no venía bien en cuanto a eso. Y no voy a permitir que pibes insignificantes en mi vida me jodan mis amistades, no. Con Mari no hablé y por lo de que los eché de mi casa ella se quedó muy enojada, pero de a poco todo se va a calmar. Ese hecho, aunque me importaba mucho al día siguiente, después me chupó un huevo, otras cosas mucho más graves ocuparon su lugar, como que más allá de eso ESTOY SOLA. Pero tal vez no sea tan así. No sé. Sólo sé que no sé nada.

miércoles, 3 de marzo de 2010

Quiero seguir seca aún bajo la lluvia

Y seguramente mañana de día sea igual, la única diferencia es que ahora me digné a tomar consciencia. Decidí ponerle nombre a los dos grupos, aunque es una estupidez eso de los nombres, pero así no tengo que explicar por quien está formado cada uno. Solíamos ser cinco en la secundaria. Ceci, Caro B, Caro E, Aldu y yo. Siempre fuimos muy diferentes, o cada vez fue más. Ceci empezó a juntarse con otro grupo más hippie, conformado también por Marina. Marina, Ceci y yo fuimos juntas a la primaria. No importa como se fueron dando los hechos. El punto es que ahora por un lado está Caro B, Caro E, Aldu y otras nuevas por un lado, a quien a partir de ahora quiero llamar Las Superflúas. Básicamente por la superficialidad. El "otras nuevas" se debe a que por salir una noche son todas nuevas amigas y se aman. Y eso lo veo superficial. Además lo más importante que tienen en el mundo es su ropa. Su ropa y cómo se ven, y pueden estar horas frente al espejo para verse hermosas. Y, sinceramente, no son muy beneficiadas en cuanto a sus dotes físicos. Pero, sin embargo, ellas hacen todo por verse perfectas.

Por otro lado, Las Pizzabirrayfaso. Les digo así porque sí. Serían Ceci, Marina, Jazmín y Cami. De Jazmín y de Cami, verdaderamente, no soy muy amiga. Las quiero y cuando las veo lo mejor, pero no las vi en todo el verano y, a decir verdad, tampoco las extraño ni necesito. Les cabe más la onda hippie, el juntarse en una casa a fumarse un porro, comer una buena pizza y la infaltable: la birra. También les gusta salir, pero salir para ellas es ir a la casa de un conocido a fumar marihuana y tomar fantino. Había decidido orientarme para ese lado, inclusive me estuve viendo muchísimo con Ceci y Mari y ni bola a Las Superflúas. Pero de repente me percato de los estilos de vida diferentes, de que yo adoro ir a bailar, de que me gusta conocer gente, y de que no me gusta fumar marihuana (porque aunque no quiera, eso hace la diferencia, ya que ellas se juntan y fuman, y quieras o no, estás afuera de ese mundito en el que se metieron por un rato hasta que les pinta bajonear y vos todavía tenés tantas pilas que no sabés en qué usarlas).

Entonces pretendo volver a Las Superflúas. A ellas les gusta tomar Gancia, salir a bailar, conocer chicos, y cagarse de risa. No les cabe hablar de la vida toda la noche. En ese sentido me quedo con ellas. ¿Pero está bueno estar con gente que por todo te hace un quilombo? ¿Que está buscando el error del otro para enojarse, en vez de valorar lo bueno? Estuve muchísimo tiempo tratando de ser buena, de no causar lío, teniendo cuidad de cómo actuar para que otros no se enojen. Pero así no se dura, así no se aguanta. Yo no. Un día me canso.

Entonces vuelven las ganas de Las Pizzabirrayfaso. Dispuesta a adaptarme a su vida tan relajada y a la vez, profunda, o de salir de vez en cuando con Ceci (que debo decir, se adapta a todo) a los lugares que a mí me gustan; encuentro otro problema. De repente noto cierta envidia en Ceci y Marina. No es por creerme, acá no necesito creerme nada. Pero de repente veo que me miran mal o me tiran abajo a los que me gustan. Y me doy cuenta de que muchas veces los que nos gustan a las tres (así, del estilo platónico) me terminan dando bola a o mí, o que cuando hablo de el que no me da bola (que casualmente es el que me gusta) digo que no puede ser que sea así y me encuentro totalmente sorprendida. Ellas comparten el luchar por los pibes, comparten que lo más obvio sea que el pibe no quiera estar con ellas, y la verdad, a mí me pasa lo opuesto. Estoy rechazando todo el tiempo uno tras otro, y justo el que me gusta, es el que me la complica, y no es casualidad, obvio.

Me encuentro con que no me siento cómoda con nadie, con que ningún grupo me cierra, con que de repente me siento muy sola y diferente a los otros. Hablé con papá y me dijo que lo que pasa es que no estoy dispuesta a perder nada, y que quiero caminar bajo la lluvia sin mojarme y que es imposible. Que tengo que decidir que hacer, que tampoco es necesario que elija un grupo para estar el 100% del tiempo, si no que puedo estar en el medio, disfrutando de unas y de otras lo que quiera y pueda.

El problema es que Las Superflúas, básicamente, demandan 100% de uno, y que si te vas con Las Pizzabirrayfaso, ellas consideran que te pasás de bando, y te miran mal, y te tenés que fumar que te critiquen en tu ausencia. Las Pizzabirrayfaso son mucho más simples, pero a la vez, ven como totalmente huecas y vacías a Las Superflúas (se equivocan a medias), y si te juntás con ellas, te catalogan como una huequita más que no sabe nada de la vida y sólo le importa la marca de ropa que le pintó ponerse.

Lamentablemente es todo bastante vueltero. Por más que existe la posibilidad de estar en el medio y "no ser protagonista en ningún grupo", como dice papá, eso me va a hacer tener una amistad mediocre con todos. Y, a decir verdad, todavía no me puedo desquitar del sueño de tener esa mejor amiga que es como tu hermana.

lunes, 8 de febrero de 2010

Peldaño por peldaño (I)

Ceci se quedó a dormir a casa. Nos quedamos hablando hasta las seis de la mañana sobre diversos temas. Estamos bastante mal en sentidos parecidos, y me di cuenta sólo cuando ella lo habló conmigo. Siempre suele pasarme eso, no noto las cosas hasta que otros me las dice. En realidad, prefería no notarlo. Pero me hizo bien poner un poco los pies sobre la tierra, me hace bien hablar con ella, es con la única persona que podemos hablar hasta las seis y media de la mañana a pesar de tener mucho sueño y de saber que al otro día no podemos dormir hasta las siete de la tarde.

Después de dar un par de vueltas y de concluir que papá iba a fastidiarse si nos veía despiertas cuando él se iba a trabajar, nos fuimos a dormir. Estoy segura de que ella también se quedó dormida al minuto. Puse la alarma antes de dormir. Faltaban pocas horas.

Me desperté, la alarma no había sonado. Miré la hora: 14:02. Había puesto para que suene a las dos, por eso me sorprendí. Me fijé y parece que por el sueño me había equivocado. La alarma estaba puesta a las 15:00. Le agradecí a mi reloj biológico o lo que sea, porque si no iba a estar en un problema.

Ceci seguía totalmente dormida, así que me levanté y fui a saludar a mamá. "Estoy nerviosa", le dije. "Ay, Vilmita", me dijo, así como ella suele decir. Cociné fideos y la llamé a Ceci a comer. Comí tres tirabuzones y me fui a cambiar. Hacía mucho que no me veía tan deportista. Las canilleras no tenían polvo sólo porque Ludmi las usaba a veces. El protector bucal estaba segura que no iba a entrarme. Lo llevé igual, sin probármelo. No quería que aparezca ningún posible obstáculo porque todo iba a ser una buena excusa para desistir.
Eran las tres. Tendría que salir en diez minutos porque para ir a V me tengo que tomar un colectivo en el que tardo casi media hora. Igual depende del tráfico, de cuánto tarde el colectivo, y de mil factores que le pueden preguntar al ministro de transporte. No sé si existe. No importa. Ja.

Llegué. No estaba tan nerviosa, estaba ansiosa. Y cuando pensaba en lo que podría pasar, me daban ganas de darme vuelta. ¿Quería vivir todo eso? ¿Quería fumarme ese momento? Y saltaban otras voces internas que me decían que sí, que no puedo frenarme sin haberlo intentado, que ya estoy hablando de "ese momento" como algo malo y tal vez la pase muy bien. "O tal vez no" me decía, también. De todas maneras, ya no me iba a dar la vuelta. No era una posibilidad. Nunca había sido, esta vez no, esta vez quería hacerlo.
Entré al gimnasio. Habían unas banderas en el piso. Imposible entrenar así, pensé. Al fondo, sentadas unas chicas. Ningún entrenador. Mis futuras compañeras. ¿Qué tenía que hacer? Me acerqué y me quedé parada a unos veinte metros. Saqué el celular, lo guardé. No sabía qué hacer.

Me hicieron señas para que me acerque. Me acerqué, las saludé. Hicieron un par de chistes, me sonreí falsamente. Seguí sonriendo porque siguieron haciendo chistes. Eran un poco graciosas, sí. Llegó Mariano. Saludó a todas con un "Hola" general, nos explicó que llegó tarde porque se estaba peleando con sus superiores por lo de las banderas. "Así que hoy sólo vamos a ir a la pista y pesas". No entendí bien qué significaba, tampoco me importó.

Empezamos a caminar para el polideportivo, ahí nos iban a dividir, alguna para "la pista" y otras para hacer pesas. Charlé con algunas, pero ahí no me sentí cómoda. Todas me preguntaban cosas "de qué club venís", a lo que tenía que responder "de ninguno", o "¿y vos qué sos?", haciéndo referencia a qué posición ocupo en la cancha, a lo que tenía que contestar "nada", porque nunca me especialicé en nada, porque nunca me federé, porque jugué al hockey en dos clubes distintos durante un mes en cada uno. Me miraban sorprendidas, yo supongo que habrán pensado "¿qué hace esta principante acá?". Pero, por suerte, en el momento no me preocupó ni me fastidió. No me percaté de que no me sentía cómoda.

Llegamos al polideportivo y Mariano nos dividió. Yo estaba en el grupo de chicas que teníamos que ir a la pista. Tuve que correr doce minutos y casi me muero. Cuando terminé, una chica me contó las pulsaciones (210, un desastre) y me dijo que había dado cuatro vueltas y 150 metros. No sabía si eso era bueno o malo, pero era. Me senté y conté sus vueltas, y cuando terminó, sus pulsaciones. Ana se llama. Mientras esperaba sentada contando las vueltas de Ana, charlaba con otra de las chicas que no sé su nombre que había corrido conmigo. Cuando todas terminamos (otra de las chicas corrió 25 minutos, no sé qué tiene en la cabeza, ni en las piernas, ni en el corazón) fuimos e hicimos pesas. Una de las chicas, que tampoco sé el nombre, que me venía hablando bastante, me dijo: "¿hacemos juntas?". Le contesté que sí, con una sonrisa. No sabía que se hacía de a dos, no entendía, pero me gustó y me sentí bien de que me hubiera dicho eso. Mariano repartió papeles en donde decía lo que tenía que hacer cada una, y obvio, ni yo, ni dos otras chicas que eran nuevas teníamos. Romi hacé con fulana, Sharon hacé con mengana, Vilma hacé con... "conmigo" dijo Ana. La que me había dicho de hacer con ella puso cierta cara de resignación y le sonreí a Ana. Hicimos pesas juntas, es una chica medio rara, de repente la mirás y te tira una sonrisa en la que te muestra hasta la última muela, y a veces digo algo divertido u ocurrente y me mira más seria que director de colegio. Igual me cae bien y por ahora tuvo todos gestos lindos conmigo.

Cuando salimos de ahí fuimos a elongar, no había nada más para hacer. La que dirigía la elongación fue una de las chicas de la mejor categoría (entrenamos juntas las de la mejor categoría y la del medio, mientras que yo en la que quería estar y tuve discusión con Mariano era en la peor), que iba diciendo "cambio", o "ahora con el otro pie". Siempre que la miraba me sonreía, ella también me cayó bien. Cuando terminamos de elongar me quedé hablando con Anita, la que corrió conmigo que anotaba las vueltas de otra de las chicas (no sé el nombre), y una de la que no di referencia. Ellas son todas de la categoría del medio, y la verdad son muy buena onda. Pretendo estar en esa si es que me siento cómoda en cuanto al nivel, si no, voy a hablar con Mariano y decirle de bajar. El punto es que las chicas hablaron de lo mucho competitiva que era la mejor categoría, contaron que fueron a un viaje y una de las de la categoría más alta se enfermó y las compañeras se alegraban porque podían ocupar su lugar en la cancha, o diversas cosas. Yo escuchaba rumores de que V en general era competitivo, pero al parecer es más que nada en el nivel más alto.

Salí del club con dos chicas, las acompañé a comprarse algo al kiosco del club, charlamos un poquito. Apenas salí del club llamé a mamá y le conté todo. Y después a papá.

La fase sociedad creo que la superé, me sentí cómoda, y encontré mi "grupito". Está bien que recién fui una
vez, pero ya siento que sé cómo viene la mano. No estoy más preocupada por esa cuestión.

Falta la segunda fase, tan o más importante que la primera. La fase deporte. Porque, quiera o no, a V voy a jugar al hockey. Eso nos reune, esa es la causa, aunque a veces se corra del eje. Sigo desconfiada, sigo con temor a no estar al nivel de todas ellas de ninguna manera, pero ya que haya buena onda con ellas es un comienzo excelente. Que las cosas se hayan dado así, de a poco, creo que me está siendo bastante útil.

Tengo que ir seis veces por semana (sí, leyeron bien, maldita pretemporada), lo que no me deja analizar las cosas que pasaron, porque ya tengo que ir de vuelta. Mañana otra vez, y mañana sí voy a ponerme las canilleras, el protector bucal y a agarrar al palo.

No sé si llamarle "nervios" a lo que tengo, si no que estoy expectante y ansiosa por lo que pueda llegar a pasar. Porque o todo se va a ir a la mierda 100%, o voy a decidirme a ir a V hasta que no me de más la columna por culpa de la maldita posición que tiene el hockey.