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lunes, 29 de marzo de 2010

Más por menos para mí es igual

Estoy muy aburrida de la monotonía. Aunque igual me divierto mucho, es raro. Tengo ganas de que pasen cosas locas; de que haya quilombos, de pelearme con personas, de discutir mucho con alguien y tener fijas mis convicciones, de realmente tenerle bronca a alguien, de poder decir me cae mal equis persona y llevarlo adelante y no de que todos me caigan bien y ponerles siempre mi mejor sonrisa.

Estos últimos días me vi bastante peleadora y me divertí, pero como siempre volví a la normalidad. Estaba como fuera de mis casillas, cuando algo me caía mal, contestaba mal y ponía mala cara en vez de sonreir y fumarme el maltrato del otro. Y la verdad me gustó. Pero todo concluye al fin.

Ayer discutí un montón con Papá porque él dice que quiere que haga algo de mi vida y yo insisto en que estoy bien así. Le dije que creo que él quiere que haga algo porque él de su vida no hizo nada y no quiere que termine como él (fui cruel, ahora puedo percatarme, pero no lo dije con crueldad) y me dijo que que puede ser. Lo dice con toda la tranquilidad del mundo como si fuera lo correcto y creo que es el peor error que puede cometer un padre.

También me dice que tengo que pensar en un futuro, y yo le contesto totalmente lo opuesto. Que ya tengo tiempo de ocuparme de lo que va a venir, que vivo mi adolescencia y ahora sólo quiero pensar en el hoy. Que no me interesa empezar un taller literario o hacer algún deporte, que ya cuando termine la secundaria haré la carrera correspondiente. Ahora simplemente quiero dedicarme a hacer lo que estoy haciendo: ser suficientemente responsable con el colegio, salir, dormir siesta, mirar televisión y series bizarras yanquis.

Además siento que me compara con mis hermanas. Siento que como Candela es realmente una triunfadora dentro del hockey y Ludmila es "tierna" dentro del hockey para su edad, yo soy la mancha negra. Que cuando alguien les pregunta que qué hago yo a él o a mamá se sienten hiper incómodos y no saben qué decir. A mí eso no me jode. No me jode contestar "nada". Pero estoy segura que a ellos sí.

Definitivamente diferimos en ideología. Él es de esos que se la pasa trabajando pensando en un mañana y olvidándose en que si se pasa la vida pensando en mañana absolutamente nunca va a disfrutar, porque mañana va a estar pensando en otro mañana. Yo planteo una posición opuesta en la que expreso que sólo quiero disfrutar el hoy. Sin embargo, a la hora de discutir con él, me muestro mucho más segura de lo que en realidad estoy. Pero que no tengo ganas de hacer nada extraescolar, definitivamente es así.

Obvio lloré y obvio me angustió mucho. Le discutía con una seguridad increíble pero era excesivamente bizarro e incoherente que hable con tanta seguridad y con lágrimas eternas en los ojos. A veces no entiendo cómo no le doy pena. Porque así como yo puedo ser hiriente, definitivamente él lo es conmigo, aunque sin querer, porque es mi papá y no dudo que quiere lo mejor para mí.

Por otro lado, Ulises. Ayer chateamos. Primero me pidió consejo con una piba. En realidad me dijo "está bárbara y no sé qué hacer", y me di cuenta de que me cansé de él y que cada día me gusta menos. Me tiene realmente podrida. Entonces me hice la amiga y le dije algunas estupideces típicas y después le dije que se olvide de que quiero estar con él porque ya fue, que me hable como amigos porque ya me cansé de buscarlo. A cualquier persona madura le parecería pendejo, a mí me parece pendejo y ni soy madura, pero como él es pendejo supongo que le shockeó un poco que se lo haya dicho y no le pareció una actitud inmadura de mi parte.

Lo mejor de todo es que de verdad perdió un papel tan importante en mi vida. Era cómico que alguien que conocía tan poco me desvele cuando quiero dormir. Eso va de la mano con mi ausencia de sentimientos, mi poco conocimiento de amor y todas esas cosas. Sin embargo lo viví lindo, me llenó cuando podría haber estado vacía y sin embargo me deja un chico más a la lista de "buscados". Porque por más que ya no lo persiga, estoy segura que voy a tener mi posibilidad con él y no voy a desperdiciarla.

Por último, el sábado a la noche fui a bailar y conocí un chico que en realidad ya conocía pero nos habíamos peleado muchísimo en un pasado, Ale. Me gusta sólo físicamente y me falta esa atracción, pero la verdad que es muy, muy lindo y encima vive cerca de casa. Me invitó a salir y, extrañamente sabiendo cómo soy, le dije que sí. Así que esta semana seguramente salgamos. Me da un poco de nervios, pero nada insoportable, porque ya estuvimos juntos y la mejor onda, pude ser yo sin problema.

Lo que me gusta de él es que más allá de elogiarme físicamente y no dejar de hacer los chamuyos típicos me dice que soy muy simpática y que le encanta, que le encanta como soy. Y sé que también ese es uno de esos chamuyos pero yo conozco las típicas chicas con las que él está. Esas limitaditas mentalmente que lo único que pueden pensar es en la ropa que van a ponerse mañana o en el color con el que se quieren pintar los ojos de ahora en más. No soy Einstein ni Galeano pero gracias a Dios estoy lejos de eso.

viernes, 12 de febrero de 2010

De tal palo, ¿tal astilla?

El título nos puede llevar a pensar distintas cosas. Siempre lo que esa frase me recordó fue el no-hockey de mi vida, y todo lo que ese deporte significa y significó para el resto de mi familia. Sin embargo desde el lunes estuve yendo a entrenar todos los días, mejorando de a poquito, sintiéndome cada entrenamiento un poco más cómoda en cuanto a las chicas y en cuanto al deporte. Es que sí, creo que estoy mejorando. O no sé si llamar "mejorar", si no ponerme al día, porque no me metía en una cancha desde H, en el 2008. Y aunque me sentí muy a desnivel e insisto en que son todas mejores que yo, tranquilamente podemos atribuirle eso mi falta de entrenamiento. Creo que eso cree Mariano y por eso insiste en mí. Porque hoy vi jugar a las de la peor categoría y la verdad que hay un par que juegan exactamente igual que yo. Sin embargo una de las chicas hoy me dijo: "entrenaste re bien, Vil!". Tal vez por pena, tal vez por simpatía, tal vez por deber, o tal vez porque realmente lo creyó. No les llegué ni a los tobillos ninguno de los días que entrenamos, pero no me equivoqué tanto, no fui el centro de los gritos de Mariano.

Por otro lado, mis problemas con mis viejos. Supongo que los deriva directamente a pensar que tengo altos problemas, que voy al psiquiatra, psicólogo, terapeuta (aunque signifique lo mismo), que me pegan, que me corto las venas, y demases trágicos. Pisé el psicólogo un par de días en el 2008, una vez fui con mamá y papá y significó lluvia de lágrimas de parte mía (no hablé, me la pasé escuchando), mamá que se contenía el llanto, y papá que también lo hacía, aunque disimulando todavía mejor. Me di cuenta que mi relación con mis viejos no era tan perfecta como yo pensaba, que a ellos realmente les angustiaba que yo no les haga caso o no les diera bola, que a papá le dolía no poder llevar una relación conmigo calma, sin peleas, sin gritos. Es que, aunque no sé cómo es la expresión, quiero explicarlo: es como si yo fuera alcohol derramado al lado de papá que es fuego. Entonces explota(mos). Él más que nada. Yo, sin querer, soy muy provocativa. Por ejemplo: ayer a la noche no paré de ser irónica "con respeto" pero molestándolos a ellos. Mucho. Le decía a Ludmila "ellos son así, no se encargan de nada, postergan todo. Por ahí para el 2011 ya tenemos perro..". Sí, además soy un poco graciosa, pero realmente me estresa que cualquier decisión a tomar para ellos sea como decidir su propio suicidio. "Lo vemos", "lo hablamos", "puede ser", son expresiones que no tolero porque en mi familia significan: vas a tener que insistir por el próximo mes, nos vamos a terminar fastidiando por tu pesadez y por esa razón la respuesta va a ser negativa o va a significar que se postergue más. La conversación fue en la cena y había comenzado con yo pidiéndoles de salir este viernes al mismo lugar que el anterior y el otro. Mamá expresó su negativa porque ya fui dos fines de semana seguidos a un lugar que no es para mi edad, pero finalmente dijeron un típico "vemos". Esto se sumó a que desde que volvimos de Pinamar están diciendo que vamos a comprar un perro (habiéndose muerto Brenda unos días antes de irnos) y no paran de buscar motivos para postergarlo. Y a otras cosas que viven atrasando, que no recuerdo en este momento. Entonces no paré de ironizar, de molestar, de burlarme, de boludear. Sí, notarán que soy conciente de cómo fui y también que, de alguna manera, soy conciente que era inncesesario. Pero tenía mucha bronca y se sumó a que estaba muy peleada con papá desde el lunes y estuve esquivándolo toda la semana. Nos peleamos porque yo estaba en mi cama con la computadora sin parar de teclear, creo que estaba bloggeando o algo así, y se asomó por la puerta. La cama de abajo de la mía estaba abierta y deshecha, no había venido la chica que limpia y yo ni me atiné a guardarla. Eso me recriminó, a lo que creo que no le contesté. Volvió a decirlo, fastidioso por la ausencia de respuesta, y le dije: bueno. Seguí tecleando como loca y el no se movió de la puerta. Dijo algo al respecto de que lo haga y de que lo estaba ignorando, le contesté que ahora lo iba a hacer. Todo esto sin dejar de teclear. Empezó a gritar como un loco, me desenchufó la computadora, siguió gritando. Me dio miedo. No le contesté, lo miré fijo. Muchas veces me trata así de mal y después me pide perdón. Y como lo quiero tanto y sé lo difícil que es para él pedir disculpas, siempre lo perdono. Cuando se fue de mi habitación lo maldije y remaldije un millón de veces. Lo odié con toda mi alma. Me juré y recontrajuré que no iba a pasarme como siempre, que al dormir, al día siguiente, iba a estar yo con una sonrisa ante su "Hola, Vil". Me da por las pelotas (y perdón por la expresión) que se olvide de todo. A mí realmente me hace mal que me trate así de mal, así que decidí demostrárselo ignorándolo. La idea no era no contestarle si me preguntaba algo. No soy tan pendeja. Si no ser seca. Por más que me costara, por más que a la otra mañana ya me dieron ganas de abrazarlo y sonreirle como siempre. Logré esquivarlo toda la semana, además porque con la cuestión de los entrenamientos estuve muy poco en casa (aunque él no está en todo el día) y, a la noche, cuando nos cruzábamos, dos noches fui a comer con amigos y las otras estaba tan cansada que no le hablé a Ludmi tampoco.

La cuestión que anoche, después de yo haberlos molestado tanto, papá le dijo a mamá: que no vaya mañana. Dicho y hecho, mamá me dijo: no vas mañana. Me da bronca y pena que mamá ni siquiera sea un filtro, que repita tal cual lo que papá dice. Los miré. Me enojé. Me fui.

A partir de ahí hice muchas pelotudeces. Le mandé a papá un mensaje de facebook diciéndole "no te soporto más". Realmente soy boluda, aunque yo tenga razón (que ni siquiera estoy segura de tenerla, lo que tengo es bronca) me conviene estar bien con mis viejos porque, quiera o no, ellos deciden. Después le mandé un mail pasivo a mamá planteándole por qué es importante salir hoy para mí (estos días que tanto entrené estaba tan cansada que ni ganas de ver a mis amigos tuve, y la verdad que mi incentivo toda la semana fue salir hoy a la noche, aunque parezca tonto y casi hueco), aclarando entre paréntesis que no quería hablar con papá, que hable ella con él. Más tarde me arrepentí del "no te soporto más", pero lamentablemente no pude hacer nada, porque era mensaje de facebook, y ya lo había enviado. Entonces le firmé el muro poniéndole parte de una canción que me encanta y después una contradicción inmensa con todo lo anterior: "aprendí a no callar, defendí mis ideales. después quiero hablar con vos". Me dormí, y hoy entrené temprano. Mientras volvía lo llamé. Me dijo "¿ahora sí querés hablar conmigo?", "¿y vos?" le dije. Hablamos un rato, me dijo que cree que sólo lo llamo porque quiero salir hoy. Le contesté "te llamo para hablar de lo del lunes, de lo de ayer, y sí, también porque quiero salir hoy". No le mentí. Todas las cosas me importan. Me dio a entender que nuestra relación está para la mierda, que yo siempre los boludeo, que hablo con superioridad, que me creo capa y que soy una reverenda pelotuda. Le contesté, le dije que porque estaba de mal humor, que pido disculpas por eso. Me dijo que pedir disculpas no era un trámite, y es verdad. Lo hice como trámite. Aunque realmente considero que fue al pedo hablarles así. Me dio a entender que lo hago todo el tiempo, que ese día por lo de la cama hice lo mismo, y se lo negué, y terminé diciéndole que nada justificaba la actitud que el tuvo conmigo. Me dijo "te dije muchas veces que vos sacás lo peor de mí". Es verdad, siempre me lo dijo. Sin embargo no lo justifico. ¿Yo estuve mal? Él estuvo peor. Su actitud fue horrible y, no nos olvidemos, tiene como treinta años más que yo.

El punto es que ahí está, en el comedor diario. Quedamos en hablar face-to-face, lo que ya sé lo que implica. Podría esperar a charlar y después venir y escribir todo junto, pero conozco lo que va a pasar, puedo adelantarlo. Va a hacerme poner mal, voy a llorar, no voy a poder discutir. Él se fastidia al discutir conmigo cuando lloro, considera que me victimizo, o no sé. Entonces va a ser todo para peor. Vamos a seguir todavía más peleados si sigo con mi idea fija, pretendiendo que él me pida disculpas por su mala actitud. Así que si quiero paz en casa y salir hoy a la noche (que lo veo complicado a pesar de que yo sea más buena que Lassie) voy a tener que ser sumiza, decir perdón, darle la razón y aceptar todo mis cargos.

Así que tengo dos opciones. "Aprendí a no callar, defendí mis ideales", o ser una pelotuda. Puedo hacer una mezcla de las dos, igual. Defender mis ideales pero no dejar de pedir perdón por mis errores. No sé. Me gusta improvisar.

martes, 9 de febrero de 2010

Peldaño por peldaño (II)

Después de un positivo primer entrenamiento, hoy volví a ir, ya con la sensación de haber dado el paso más importante. No estaba tan nerviosa, como bien dije, era pura ansiedad. Llegué y estaba terminando de entrenar Ludmi. Me hizo sentir cómoda y "en casa" verla en la misma cancha en la que iba a entrenar yo un rato después. Algunas de mis compañeras estaba a un costado de la cancha con los palos y pasándose una pelota entre ellas. Una de ellas me hizo un gesto con las manos para que vaya con ellas. Le sonreí, pero no quería ir. Iba a usar mi palo después de dos años. Analicé, en pocos segundos, que yo era totalmente principiante y no tenía por qué estar en ese nivel. Ya era demasiado tarde para retractarme y, además, no tenía ganas de hacerlo. No esta vez.

Me senté, tomé agua, miré el celular. Tenía que ir. Me acerqué, las saludé a las tres con una sonrisa. La que me llamó fue Carla. Es la "estrella" de la categoría más alta. Estuvimos pasándonos la pelota un rato. No se notó diferencia de nivel en ese momento. Pero estábamos haciendo boludeces. No iba a notarse.

Cuando llegó Mariano nos dijo que entremos en calor. Eso implicó media hora en la que una de las chicas iba marcando las cosas que había que hacer, criticando por lo bajo a Mariano, aburriéndonos, queriendo jugar al hockey. Todas queríamos, ellas como un entrenamiento más, querían hacer lo que les gustaba. Yo, sin embargo, quería sacarme la duda, quería que pase ese entrenamiento y saber si era ahí donde iba a quedarme.
Hizo un ejercicio de estaciones en el que dos de ellas eran fáciles y las otras dos eran muy parecidas y extremadamente cansadoras. Mariano dijo que nos separemos en grupos de seis, y de repente una ola de cinco chicas vinieron a mí corriendo. No sé si por pena, por obligación, o por real simpatía hacia quien es nuevo, pero la verdad me cayó muy bien esa actitud. Empezamos en una de las estaciones fáciles, seguimos en la otra fácil, y después vinieron las otras dos, que sí consistían en agarrar el palo y pegarle a la pelota. Las otras dos eran de saltar y hacer algunas pelotudeces.

Sacando que Mariano me corrigió a mí sola que agarre el palo de más abajo un par de veces y que dijo "preguntenme a mí si tienen alguna duda de un ejercicio, si no explico todo al pedo" cuando le pregunté a una de mis compañeras algo sobre una de las estaciones, no me sentí incómoda de ninguna manera. Sólo me cansé muchísimo, a tal punto que, en un momento, creí que iba a desmayarme. Me acordé de mamá ese mediodía diciéndome que esos cinco tirabuzones que comí no alcanzaban. Sentía la panza vacía. Hacía mucho calor y estar corriendo era lo peor que podía hacer. Pero tenía que seguir. Y seguí. Hasta que dijo "a tomar agua" y fui feliz.

Todo iba bastante bien. Volvimos a la cancha y dijo Mariano que nos pongamos de a dos. Ayer a la noche yo hablé con Anita, una de las chicas con las que había tenido buena onda ayer, por messenger y ella me dijo que no me haga problema con nada, que si era de a dos, estaba con ella. Cuando Mariano dijo de estar de a dos, Sandy, una de la mejor categoría, me miró y me hizo señas para estar con ella. Me acordé de Anita, pero no pude decirle que no. Al toque Anita me miró y se estaba acercando, pero le hice señas raras. Después de un momento un poco incómodo me quedé con Sandy y pobre Anita tuvo que hacer el ejercicio de a tres.

Simplemente había que pasar la pelota de un lado de la cancha al otro a la compañera y la otra la devolvía. Mariano dijo que practiquemos como si fuera el saque, ese que se hace al principio del partido o cuando el otro equipo hace un gol. Explicó la técnica, algo que yo nunca había aprendido. Yo siempre fui muy hábil para agarrar el palo y moverme sin ninguna técnica ni forma particular de hacerlo, y esa forma que él daba, no me resultaba para nada cómoda. La pelota me salía para el otro lado, o se quedaba a mitad de camino, o la fuerza era excesiva al punto que pobre Sandy tenía que correr bastante para ir a buscarla.

Mariano ni me vio, "por suerte", pensé en ese momento. Un rato después, propuso que juguemos un partido. Yo, nerviosa. Ahí iba a verse si debía estar ahí o no, ahí iba a saltar si yo jugaba parecido a ellas o era un desastre. Miré a quienes estaban observando y entre ellos estaba Ludmila con un cono de papas fritas. Además de sentir hambre, me sentí contenta, me sentí acompañada.

Me tocó ser a mí quien sacaba. No sé quién habrá tomado esa decisión, pero ahí estaba yo. Con miradas expectantes, tanto de los observadores (pocos), como Mariano, como de mi hermana y como de las jugadoras que esperaban con ansias para ponerse a jugar.

Pensé en la técnica, pensé en muchas cosas, y saqué. La pelota afuera. Mariano me la pasó y saqué otra vez. Supongo que, los que saben un poco como es el hockey, entenderán que es difícil sacar mal, que no es como el volley que existen muchas posibilidades de que el saque quede en la red o se salga de la cancha. Sin embargo yo tiraba verdaderamente para cualquier lado. Mariano me miró con fastidio y me pasó otra pelota. Quise pegarle respetando la técnica y la pelota ni se movió. Sin embargo, ninguna de las chicas se rió.

"¿Para qué les explico la técnica del saque si después cuando hay que implementarlo hacen lo que quieren?" dijo. No fue dirigido a mí directamente, pero yo era la única sacando, yo era la única que estaba haciendo eso mal. "Dale, Vil" me dijo. Me pasó otra pelota.

Y de vuelta la tiré para cualquier lado. "¿Qué pasa, eh?" dijo. Nadie contestó, las chicas se miraban. Creo que me miraban esperando a que diga algo, pero no sé qué tenía que decir. Sabía que era yo la que se equivocaba, todas lo sabíamos. Mariano pretendía que le diga "no sé sacar", supongo. Pero no dije nada, me daba verguenza cualquier cosa en ese momento. "¿Qué pasa?" repitió. Nadie contestó.

Saqué otra vez e hice cualquier cosa. Era increíble, nunca había tenido problema con eso. Nunca. Finalmente Mariano me cambió de posición con otra chica y ahí "jugué". Bastante mal, además. Bloqueada mentalmente.
Nadie entiende por qué pero tuve que volver a sacar. Uno afuera. Le dije a otra chica que lo haga por mí y me acerqué a Mariano. "No me sale el saque", le dije. "Andá y seguí hasta que te salga", me contestó. Lo odié. "Dale" decían las chicas con buena onda. Y ya varias veces había escuchado de varias "no pasa nada", aunque no supe de quien, enceguecida por todo lo que estaba pasando.

Le pegué a la pelota. No bien, pero se la pasé a una de las chicas. Todas me dijeron "bien, Vil", o ese tipo de cosas. En ese momento ni lo valoré, pero ahora me gustaría darles un abrazo y decirles "gracias".

A partir de ahí, no jugué bien. Jugué. Tuve bastantes errores y no me destaqué en absolutamente nada. Mariano tiró algún otro comentario dirigido a mí haciendo referencia sobre algo que había hecho mal yo. Desde lo de los saques tenía un nudo en la garganta y muchas ganas de llorar. No se me notaba, por suerte. Puedo fingir bastante bien ese tipo de cosas, sobretodo con chicas que no me conocen.

De a ratos la miraba a Lud. Me imaginaba que tal vez se estaba avergonzando de mí o queriendo darme un abrazo. Después supe qué pasaba por su mente.

Cuando terminamos, Mariano dio la orden de ir a pesas. Me alegré. Había sido mi último entrenamiento con esa categoría que no era la mía. Ya tenía decidido ir a hablar con Mariano y decirle que quería ir a la más baja, que era una decisión, que ese nivel no era para mí.

En pesas hablé sobre eso con bastantes chicas. Todas me respondían con buena onda y, noté yo, bondad. Todas tenían buenas intenciones conmigo, me decían cosas como "quedate tranquila, yo cuando entré era un desastre". Querían levantarme el ánimo, diciéndome "Mariano es un boludo, siempre trata así... pero es buen tipo". Nada me servía, tenía decidido bajar de nivel. No hice pesas con mucha seriedad, no estaba concentrada en eso. Me guió todo mi trabajo Carla. Charlé bastante, nos reímos, me sentí cómoda. En el medio mientras descansaba de levantar pesas de un kilo (no miento), apareció Ludmila. "Entrenaste re mal, y vos que decías que jugabas mejor que yo", me dijo. La odié, justo eso era lo que no quería ni necesitaba escuchar.

Carla me acompañó a la cancha. Ahí me iba a estar esperando Ludmila y también estaba Mariano. Elongamos, parte que no recordaba que había que hacer siempre, y Mariano nos reunió. "Mañana a las diez y media acá". No me fastidié porque era temprano porque tenía decidido no ir. Además ya me había enterado que la peor categoría entrena a las nueve de la mañana y pensaba ir igual.

Se alejó y siguió entrenando a otro grupo de chicas. Me acerqué y lo llamé. Se dio vuelta. "¿Y yo qué hago?", le dije. "Diez y media acá", me contestó. Lo miré con desconformidad. "¿Qué? ¿Te sentiste incómoda, la pasaste mal?" me preguntó, con una intención que no llegué a percibir. No sabía qué quería que le conteste, pero yo fui sincera. "Sí" le dije. "Pero si estuviste bárbara, Vil! Cambiá la cara y te veo acá mañana a las diez y media. Rajá" y sonrió.

Es un hombre raro, juraría que en el entrenamiento me miraba con odio ante todos mis errores. Y tanto Ludmila como yo coincidimos que jugué muy mal. No me enojé con mi hermanita porque fue sincera y eso se lo agradezco. Además después me dijo "cuando te veía ahí que no te salía me daba cosita, tenía ganas de sacar por vos". La quise abrazar, pero no lo hice. La quiero. Mucho.
Y sí. Mañana voy a ir. Espero pasarla un poquito mejor que hoy.

jueves, 4 de febrero de 2010

La charla

En mi familia son todos deportistas. Mis viejos se conocieron gracias a que mi mamá jugaba al hockey; mi hermana Candela es realmente conocida en el mundo de dicho deporte; Ludmila, mi hermana más chica, juega también. Cuando estaba en primer año, probé un mes entero en V. No me acuerdo qué pasó, pero dejé. Llamé al entrenador después del mes de prueba y le dije que no quería ir más. Justo coincidía con que eran vacaciones de invierno y levantarme a la mañana para ir a entrenar era lo último que tenía ganas de hacer. Cuando estaba en segundo, fui casi dos meses a H. Me gustaba, creo que aprendí mucho ahí. La entrenadora insistió en que yo empezara a jugar los partidos del torneo, que me "federe", y me negué. Entonces me dejó de entrenar con dedicación. Me ponía a jugar con las más chicas y yo podía agarrar el palo al revés y ella no decirme nada. La encaré y no volví nunca más. En tercer año, sólo jugué al hockey en el colegio. Claro, era la mejor. A todas les importa poco y nada jugar bien, lo que realmente cuenta es que no se les baje el jopo. Está bien, son formas de vivir. Me considero bastante más simple, por suerte.

Éste año, fui a ver a Candela al torneo más importante del país. Me di cuenta que amo el hockey, que quiero jugarlo sí o sí. Esa misma noche, se lo plantee a papá. Papá siempre me insistió para que juegue, pero últimamente se había cansado al darse cuenta que no soy perseverante en nada. Lamentablemente casi ni me prestó atención, pero lo entendí. Siempre digo que voy a empezar actividades, y o ni las empiezo, o duro literalmente dos días. La cuestión es que volví a plantearlo en la cena, y mientras lo decía, me arrepentí. No estaba dispuesta a asumir una responsabilidad, a tener que enfrentarme a un grupo nuevo, a fumarme unas pibas que me miren mal por el simple placer de mirar mal a la gente. Porque sí, eso siempre me frenó. Eso de tener que empezar de cero, de no sentirte cómoda, de no sentirte a nivel.

Pasaron un par de días y fui a ver otro partido de mi hermana. Otra vez el amor por el deporte, la sensación de que yo también tengo que estar adentro de la cancha. Me encontré con el entrenador de V y fue tan simpático al saludarme que me dije: si llega a estar en mi categoría en V, vuelvo. Le pedí a Ludmila, que entrena en V, que me averigue quien estaba en mi categoría por la edad. Está Mariano, me dijo. Se lo dije a papá y, al verme decidida, lo llamó.

Hoy fui a charlar con él. No quedé muy contenta, la semana que viene voy a entrenar con la mejor categoría, a pesar de que le dije que quería empezar en la peor. Es alguien bastante manipulador y ya me sentí presionada y todavía ni empecé.

Estoy nerviosa porque vi jugar a esas chicas y son muy buenas, sé que no les llego ni a los tobillos. Tengo miedo de que Mariano ponga todas las fichas por mí sólo porque soy hermana de Candela. Nunca tuve miedo de eso, nunca me sentí opacada por ella, siempre fue una excusa para mis viejos y quedar como víctima. Pero esta vez siento que sí esperan que si entreno mucho sea como ella, y no creo tener ni su talento, ni sus ganas, ni su fuerza, ni su perseverancia. Sin embargo, no me queda más que esperar a la semana que viene. Tendré que fumarme las malas miradas, los errores que tenga, los momentos incómodos. Ojalá sirva para algo. No pretendo ser como Candela, no quiero que mi vida gire alrededor del hockey. Sólo quiero saber disfrutar de él y tener algo en que poner mi mente un par de veces por semana.